Goma


Paternidad: parte 1 de sabrá Dios cuántas.
mayo 3, 2016, 10:03 pm
Filed under: Escritos, Jakaninoso, Opinión

El viernes pasado nació mi hija Renata y ese día en la mañana y en los siguientes han pasado algunas cosas alrededor de su nacimiento que me han dejado reflexionando.

 

-o-

 

A las 9:30 de la mañana fuimos a la cita con el doctor. Yo pensaba que sería una cita como las otras y me regresaría a trabajar, pero cuando el doctor dijo: “ya está en trabajo de parto” no tuve cabeza para otra cosa que no fuera la emoción de conocer a Renata por fin. En su oficina, mientras Jany se cambiaba, el doctor me dijo: “ya no te regreses a trabajar hijo, quédate con tu mujercita. La familia es primero” y me dio unas palmadas en el dorso de la mano.

 

Sus palabras me tocaron profundamente. Siento que hoy en día poner a la familia primero desdibuja líneas finísimas entre responsabilidad en el trabajo y el tiempo que uno dedica a su familia. Nos dejamos el alma en el trabajo, pensando que lo hacemos por ellos: desdibujamos la línea y la trazamos unos pasitos más hacia la oficina. Es difícil, para mí, en esta etapa de mi vida pensar que efectivamente mi familia es primero. Y nació Renata, y la vi abrir sus ojos al mundo por primera vez, atravesándome el alma, llegando a lo más profundo de mi corazón. Desdibujo la línea y la coloco más cerca de casa. A la puerta. Al pie de su cuna incluso.

 

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Llegamos al hospital a la 12:30 de la tarde, con contracciones cada 3 minutos y el corazón dando vuelcos con sentimientos nuevos e intensos. Mientras esperábamos que a Renata le llegara su hora de nacer, estuvimos en un cuarto con todo listo para recibirla y nos acompañaron una enfermera, una interna de medicina y la asistente del doctor, Nenita, a quien conocimos desde hacía unas 10 citas de seguimiento. Jany se agarraba del respaldo de plástico de una silla, estrujándolo, queriendo encontrar alivio a un dolor cuya única recompensa justa es la dicha de la maternidad. Nenita se acercó en silencio y le dijo que tal vez le ayudara pensar en dónde estaba, en un lugar bonito, donde todo estaba listo para ella y su hija, con personas que estaban pendientes de ella y acompañada de mí. “Piensa en todas las mujeres que están sufriendo igual que tú, ese dolor, ese bloqueo y esa desesperación, pero solas. Ofrece tu dolor por todas las mamás que están solas.”

 

Y yo pensé, y pienso, en ellas. No creo que exista un dolor semejante al del parto y es un dolor que sólo las mujeres pueden experimentar. Es como si Dios les cobrara con sangre y por adelantado la felicidad más grande de su vida, porque al nacer un hijo también nace una madre y todos estamos de acuerdo en que tenemos a la mejor mamá del mundo. Y es cierto. Todas son las mejores, todas nos han traído a este mundo. Me siento infinitamente agradecido con la vida por haber podido estar al lado de mi esposa cuando nació Renata, poderla ver nacer, abrir sus ojos y llorar, y ver la cara de Jany cuando la conoció y la tuvo en sus brazos. Es indescriptible, no hay palabras suficientes en este mundo que se acerquen a las emociones que viví en esos minutos. Y pensar que hay tantos motivos por los que una mujer pasa sola por todo esto me destruye el corazón. Motivos tristes, motivos egoístas, motivos prácticos; solo puedo pensar que si Renata llega a tener la enorme dicha de ser madre, no esté sola.

 

-o-

 

La abuelita de Jany  tiene 97 años y una mente lúcida que mantiene la mordacidad a pesar de que su cuerpo viene empequeñeciéndose desde hace tantos años. Se mantiene despierta, lista para platicar con quien está dispuesto, pero su cuerpo ya no le sigue el paso a su mente. Está en cama desde hace ya casi un año y cuando salimos del hospital, el sábado, le llevamos a presentar a Renata, su sexta bisnieta. Se puso muy contenta, se le acerco y la bendijo y entre lágrimas, antes de irnos, le dijo: “espero que tengas una buena vida”.

 

Creo que es el más bonito deseo que he escuchado en estos días. Tomé una foto, donde la señora se acerca a Renata para darle la bendición. Su deseo llega cargado de una emotividad especial, pues viene de quien ha tenido una vida, si no mala, extremadamente difícil. Una persona que ha luchado durante los 97 años de su vida, y que sacó adelante a su hija sola. Una persona que con un siglo de vida, encuentra una dicha especial en conocer a su sexta bisnieta. Deseo de todo corazón que mi hija tenga una buena vida, una excelente vida y creo que al menos la ha empezado bien: cuando nació, sonaba Come Together, de los Beatles, en la bocina de la sala de parto.

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2 comentarios so far
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:)
Es muy bonito todo lo que escribes y muy cierto. Me encantó poderte acompañar en esa alegría en este relato. Los quiero y mando abrazos enormes s los tres.

Comentario por roudrigo

Pepe, que mejor forma de celebrar el nacimiento de tu hija. Muy emotiva tu redacción. Los preparativos para el nacimiento de Renata son sin duda ingredientes para una buena vida. Felicidades!

Comentario por Víctor Hugo Delgadillo




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