Goma


Street Sk8er
marzo 6, 2012, 7:03 pm
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Acabo de terminar de escuchar Monster Truck de Plastilina Mosh en el radio.

Además de que es una canción que me gusta mucho, me trae buenos recuerdos. En mi casa, mis papás no consideraban adecuado que sus hijos jugaran videojuegos, así que en ese tema, al menos yo y mi hermano que sigue fumos late adopted. Yo tuve un videojuego propio hasta 2001, cuando mis compañeros normales de la prepa (ya estaba yo en la prepa, a mis 15 años) tenían jugando NES desde hacía ya unos años más. Conozco los grandes juegos del NES e incluso he jugado algunos pocos, pero jamás en mi vida terminé ninguno de ellos. El primer juego que terminé en mi vida fue el Legend of Zelda: Ocarina Of Time, en nuestra primer consola, un N64.

Algún tiempo después, mi hermano Poncho (En orden de edades: yo, Paco, Poncho, Adrián y Tere) comenzó a desarrollar su vicio de tener muchas consolas y jugar mucho y bajar emuladores y demás, poniéndose al corriente con los gamers que comenzaron desde antes de que él naciera y compró un Play Station, el cuadrado, grande y feo Play Station. Dos juegos recuerdo de esa consola, uno es el glorioso Final Fantasy VII que entra en la selecta lista de juegos que sí terminé y el Street Sk8er, que jugaba una y otra vez por que, en una pista, sonaba Monster Truck.

Cabe señalar que no recordaba el nombre deljuego, pero la magia del internet me lo dijo después de buscar PS1 skate games + plastilina mosh. Y ah, que buen recuerdo. No era la gran cosa, de hecho, estaba medio gacho y el modo de juego era mucho más simple que los posteriores Tony Hawk y demás juegos de patinetas. Pero yo me divertía mucho. Jamás en mi vida anduve en patineta, pero me gustaba imaginarme, escuchando Monster Truck por las calles.

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La Gente
abril 6, 2011, 11:23 pm
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A últimas fechas, me ha tocado vivir más de cerca con la gente. Y no que fuera un ermitaño escondido en una cueva, pero la verdad es que no soy una persona sociable, de esas que saludan a los demás en la calle con una sonrisa y que sin saber cómo ni por qué, caen bien. La cosa es que antes no tenía la necesidad de tratar con nadie más que con quien yo quería. Así de sencillo. No existía la necesidad de tener que relacionarme más allá de algunos compañeros de trabajo o algunos amigos de amigos que, en algunos casos, nunca volvía a ver.

Y la verdad, me entristece un poco esta situación, es poca la gente que es amable o racional en su trato, como hoy, que tuve que hablar con un contador de una empresota y me trató muy cordial, “Hola Pepe, ¿cómo te va, en qué te puedo ayudar”, “Pues fíjese que bla y bla y bla”, “Mira, la persona que lo ve no está, por favor regálame una llamada mañana y seguro lo arreglamos, ¿te parece?”, “Me parece contador, muchas gracias”, “Nombre, nada que agradecer”. Y se siente bien, les juro, se siente bien. Cuelgo con una pequeña sonrisa y fe. La mayor parte de los clientes con los que me toca trabajar son maleducados, algunos incluso groseros, pero sin manera de pedir las cosas, exigiendo, siempre enojados, siempre cagando a la gente, siempre amenazando, “¿ah no me hiciste este servicio en 10 minutos? Cancelo mi cuenta.” Y es bien desgastante. “¡Banco Ladrón! Mi cálculo de intereses sale 2.87 pesos inferior” “Mire señora, así está el calculo, compruebe, está correcto” “Pues no estoy de acuerdo, mejor hubiera abierto mi cuenta en tal lado”. Joder.

A mi favor, juega esa gran cualidad en mí de durar tres segundos enojado y después volver a la normalidad. Al final, pues no hay que tomarlo personal, lo entiendo, y trato de hablar menos con esas personas y ser lo más claro siempre, pero en mi trabajo tienen una costumbre fea, feísima para dar tiempos de respuesta: si un cliente dice: “quiero esto en dos semanas” mi empresa le dice “¡Nombre, lo tienes en una!” cuando el proceso es de tres. Y eso… caray, eso no está bien. ¿Qué persona racional lo hace? ¿Por qué lo hacen? No lo entiendo. Yo se que la educación va mucho más allá de el grado profesional, y ahora mucho más, conociendo personas con maestría que deciden irse de la oficina y dejar prendida su computadora “por que se tarda mucho en prender”. Les juro que es real. Prefieren gastar luz por 14 horas que esperar dos larguísimos minutos a que inicie su equipo. Y eso es algo que tampoco entiendo, de verdad, no puedo hilar el razonamiento de esas personas.

En estas semanas, unos compañeros de la prepa hicieron un grupo para organizar una reunión-reencuentro para celebrar los 10 años de que terminamos la prepa. Vale, organícenlo. Si bien es verdad que mis mejores amigos los conocí incluso desde antes de la prepa y cursamos esos tres gloriosos años juntos, con los demás compañeros nunca tuve una relación. No que me cayeran mal (bueno, algunos 25 sí me caían mal), pero tampoco los procuré en ese tiempo, ni en los 10 años que le siguieron y no tengo ni la más remota emoción por verlos. Morbo sí, ir a fisgonear, y saludar a los pocos que sí me daría gusto ver, pero sólo eso. Total, hicieron su grupo, manejado por la bolita “cul” de la prepa y empezaron a subir fotos, obviamente del grupito “cul” de la prepa. ¿Por qué no se juntan ellos y ya? En fin, el caso es que subieron algunas fotos de eventos escolares de aquellos entonces y por ahí alguna mujer escribía “¡Eso! Los del C siempre fuimos los mejores” y yo pensé: “han pasado 10 años desde que salimos y esta pobre ingrata no ha superado sus complejos preparatorianos.” What the fuck lady? ¿Estás tratando de hacer una reUNIÓN con TODOS los de la prepa y tienes las mismas actitudes gregarias que hace 10 años? No gracias, no tengo ganas de ir. Estudiamos en una buena prepa, la mayoría asistió a buenas universidades y todavía alguien escribió “manifiestence”, Dios santo. Aunque bueno, un consuelo me dio Agustín Fest, que no escribieron “manifiestenceN” y en verdad es un avance. Y tampoco esto lo entiendo.

No se, me parece que se ha ido perdiendo algo, algo crucial en la sociedad. No me atrevería a etiquetarlo, pero la verdad es que es algo que se siente, en la gente grosera, en quien no cede el paso, quien se queda en el paso peatonal, quien no recoge la caca de su perro (odio eso), quien va a una marcha para parar la violencia pero se fuma unos porros, en el afán de las corporaciones de culpar a sus empleados a la menor provocación. Ésto último me recordó algo que tampoco alcanzo a entender: estamos en el año 2011, DOSMIL ONCE, la tecnología ha crecido en 10 años más que en los pasados 100 y con todo esto los trabajadores trabajamos más. Tengo una amiga que una vez se fue “de vacaciones” pero se la pasó en su cuarto de hotel respondiendo correos en su Blackberry de la oficina y haciendo llamadas y arreglando cosas. Coño, llego el lunes y tengo correos del domingo. ¿Por qué? Y el que no quiere seguir este modelo, quien se niega, quien se aferra a SU VIDA, no encaja, no es suficiente, no merece. ¿Salir de la oficina a tus horas? Impensable. Será por que no tienes compromiso con la empresa, por que no te importan tus clientes. No conciben que alguien sea organizado. Y es bien pinche triste, en verdad.

Al final, con todo esto, después de conflictuarme y amargarme un poco cada día, me ayuda. Soy más tolerante, aunque en este post no se note. Ya no regaño a la gente, cada quien sus ideas, miserables y cortas, pero suyas al fin. Y como bien leí del Huevo hace unos días “tolerancia no significa aceptar o defender, sólo tolerar, nada más eso.”



Correos de la oficina
noviembre 23, 2010, 9:22 pm
Filed under: Jakoso

La empresa donde trabajo se divide en divisiones, cada una con base en la ciudad más grande de la división, en mi caso, Guadalajara. Al estar en una oficina foránea, se hace necesario el envío de documentos a “la cabecera” por lo que en la empresa donde trabajo, se tiene pactado el servicio con cierta compañía de mensajería.

Aunque mi opinión en el caso es irrelevante, pienso que es increíble que a mitad de 2010 tengamos que enviar papeles que se van a triturar de cualquier manera cuando hay tantas y tantas herramientas electrónicas que pudiéramos usar, pero bueno. El caso es que acá en Morelia, las guías que nos mandan para la mensajería son insufcientes ya que de aquí se reparten a las oficinas de Zamora y Uruapan, cada una con sus muy particulares necesidades de envío de documentos.

Long story short, se hizo el procedimiento para que en vez de 20, nos repartan 60 guías. La encargada, Lolita (se cambian los nombres de las involucradas para proteger su identidad), le mandó un correo a mi compañera Dania:

De: LOLITA
Enviado el: Viernes, 27 de Agosto de 2010 01:00 p.m.
Para: DANIA (Y otros que no tiene caso citar)
Asunto: Renovación de autorizaciones para Guías de Mensajería 2010

DANIA, en caso de que se rebase este monto mensual autorizado (60), hay que solicitar una ampliación a este importe. Te pido llevar un control de todas las guías que se usan en tu oficina ya que es a ti a quien le pedirán las validaciones de guías utilizadas. Saludos

Dania, quien no es la encargada de ver el asunto de las guías le envía el correo a Delia:

De: DANIA
Enviado el: Martes, 14 de Septiembre de 2010 01:26 p.m.
Para: DELIA
Asunto: Renovación de autorizaciones para Guías de Mensajería 2010

Delia,

De éstas guías te decía la otra vez si son 60, pero han estado llegando las 20 de siempre vdd?

Slds!

Delia contesta:

De: DELIA
Enviado el: Martes, 14 de Septiembre de 2010 04:45 p.m.
Para: DANIA
Asunto: Renovación de autorizaciones para Guías de Mensajería 2010

SIP, El viernes recibí las de este mes y son 20. las mismas 20… las 20 que nos han mandado siempre, las 20 que parece que nos seguirán enviando… las 20 que no son ni serán jamás suficientes…

Las 20 Guías de Mensajería….

Y Dania contesta (y me copia):

De: DANIA
Enviado el: Martes, 14 de Septiembre de 2010 04:47 p.m.
Para: DELIA, JAKA
Asunto: Renovación de autorizaciones para Guías de Mensajería 2010

Delia!!!!!!

Kmo esperas que le reenvíe el correo posterior a LOLITA? jajajajaja

Y yo no pude más que reír, y reír, y clasificar este correo como uno de los más graciosos que he recibido en mi corta historia laboral…



Autostop
septiembre 20, 2010, 11:08 pm
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La última vez que fui a mi rancho en auto, fue un sábado por la mañana. Estaba en la ruina, había puesto doscientos pesos de gasolina el viernes anterior y a mitad del camino que me lleva a la carretera tuve que regresar por que la lluvia era intensa y el reloj ya marcaba las nueve y media: si seguía lloviendo y yo manejando, llegaría a la una de la mañana, en un viaje peligroso y oscuro. Ese sábado por la mañana viajaba con ciento setenta pesos de combustible y apostaba más a mi suerte que al rendimiento del vehículo para llegar.

La mañana era clara, aunque gris, y una llovizna suave humedecía el camino. Justo cuando me incorporé a la carretera, vi a dos muchachos haciendo señales para que los llevaran. Recordé a Sal Paradise en la caja del viejo camión cruzando por Nebraska, compartiendo whiskey barato y aullando a la luna y las estrellas y me detuve, a unos metros de los muchachos. No tenía un viejo camión, ni whiskey, ni luna ni estrellas, pero me detuve y bajé un poco el cristal del conductor.

– ¿A dónde van?
– Bien, ahm, vamos hacia allá -dijo apuntando en la dirección hacia donde iba la carretera. Hacia la caseta de Zamora.
– Y si los llevo…
– Bien, ahm, tenemos un poco de dinero, aquí… cien pesos, no podemos darte más, necesitamos el resto para la comida y una cama limpia hasta que lleguemos allá.
– No, no, no quiero su dinero. Si los llevo, ¿no me harán daño? Ustedes son dos, y se escuchan muchas cosas trágicas por ahí.
– No daño, no -dijo el segundo chico. We’re buenos muchachos, just traveling.
– Pongan sus mochilas en la cajuela. Y cuidado con Cenobio, que viene dormido.

Eran un par de muchachitos estadounidenses. El primero, Jhonathan, era de tez blanca y cabello oscuro y largo, hasta los hombros, un chico apuesto y bien vestido, usaba una chaqueta Naútica, camisa polo de la misma marca y jeans de los que no vi etiqueta o logotipos, al igual que sus botas; era apuesto y tendría unos diecisiete años. Mark era bajito, rubio y con un poco de sobrepeso, usaba una sudadera de tela a rayas y una playera tan deslavada que no se distinguía nada de lo que alguna vez dijo. Usaba unos tenis viejos Nike con cintas diferentes en cada pie. Jhonathan hablaba bien el español, aunque con algunas muletillas y Mark solo conocía algunas palabras aunque lo entendía casi todo.

Venían de Portland,estudiaban en México DF aunque no entendí bien que. Una clase de intercambio cultural, sin ir a la escuela, pero aprendiendo costumbres, algo de sociología y política. Pensé que era algo denso para chicos de su edad pero no comenté nada al respecto. Iban a Maruata, pero querían conocer Zamora por una chica que conocieron en Coyoacán y los invitó. Ella los llevaría en auto hasta maruata con algunos familiares de ella y de regreso a Zamora. Estimaban su viaje en unas seis semanas, y para ese lapso de tiempo contaban, en conjunto, con mil setecientos treinta y ocho pesos, incluyendo los cien que me querían dar por llevarlos. Los llevaría hasta Zamora, si pudiera, pero tenía prisa y poco combustible.

Eran un par agradable. La mayor parte de la conversación fue en español, con Jhonathan, con unos pocos comentarios combinados de Mark “Yeah, yeah, estamos viaje solos, los dos; we´re amigos, from back there, allá, América” y hasta después de la primer hora y media me animé a hablar en inglés. Mark rió, pero según él fue por que no esperaba que yo hablara bien el inglés. Yo sé que fue por el acento. Platicamos de lo que aprendían en su intercambio y lo que más me llamó la atención fue el como ellos percibían la nacionalidad de nosotros y la de ellos.

– Los mexicanos, en general, se enorgullecen de ser Mexicanos. Henchidos de orgullo entonan el himno en el estado Azteca, y coléricos gritan consignas en las marchas que paralizan la ciudad de México, en contra de lo que consideran el mal gobierno, las injusticias. Pero tiran el vaso de cartón en el que bebieron su cerveza a la gente debajo de ellos en el estadio, obstruyen el paso a las personas que van a desempeñar sus trabajos, e insultan a quienes tratan de dialogar con un punto de vista diferente. Aman México, pero no parecen hacer nada por cuidarlo, por mejorarlo. Y es conflictivo, al menos para mí -and for me (añadió Mark).

Me quedé sorprendido, por sobre todas las cosas, por que un joven, de diecisiete años de edad, viera así a una sociedad, con esas palabras, con esa consternación en la mirada. “Es una lástima” dijo mientras veia por la ventana las colinas enverdecidas, los lagos formados con la lluvia de anoche y la neblina bajando lentamente a cubrir los campos.

Manejamos un rato en silencio. Y después, con una canción, comenzaron ambos a cantar. Era “Mykonos” de Fleet Foxes, y la sabían completa. Mark tenía una voz increíble y me dijo que cantaba en una banda en Portland, “Sociopath”.

– ¿Tienes algo de Café Tacvba?- Me preguntó Jhonathan
– Mucho ¿qué quieres escuchar?
– Trópico de Cáncer, si la tienes.
– Sí la tengo.

Con las palmas tocaban sus muslos al ritmo de la guitarra acústica. Sabían también toda la letra. Gritamos un verso:

Por eso yo ya me voy,
no quiero tener nada que ver,
con esa fea relación de acción, construcción, destrucción, u-uuu

Justo antes de que terminara la canción, llegamos a la caseta. Bajaron y sonriendo me dieron las gracias. Tomaron sus maletas y cruzaron corriendo la carretera, en dirección a Zamora.



Idea
agosto 20, 2010, 12:00 pm
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Están viendo la tele, el WB Channel (fue el primero que se me ocurrió) y comienzan a escuchar “A Punk” con sus guitarrillas características y alegres. Al mismo tiempo, una escena de Entrevista Con el Vampiro, con Brad Pit sonriendo, mostrando sus colmillos. Cada que suena la batrería, el tun, tun, tuntuntun, cambio de escena, ahora con Del Crepúsculo Al Amanecer, Drácula, Luna Nueva, Underworld, Blade, todas las películas de vampiros, pero en todas deberá haber escenas de los vampiros sonriendo. Al llegar al primer coro, al tiempo del segundo “hey, hey, hey” el fondo amarillo con letras verdes dirá: Vampire Weekend. Termina la música y sigue “Sólo en WB Channel”.

Anuncio de un fin de semana con puras películas de vampiros.

Sólo espero que los ejecutivos de las cadenas televisoras estadounidenses que leen este blog de manera regular, de menos me llamen para agradecer la idea.

Se me ocurrió el otro día que me estaba bañando



Diez
agosto 16, 2010, 10:10 pm
Filed under: Jakoso, Sueños | Etiquetas: , ,

Me gustaría ir a un mundo alterno, pero de paseo nomás. Me gusta ese mundo, el mundo cero, por decirlo de alguna manera, pero tengo curiosidad por ver como hubiera sido este mundo si Blanca no se hubiera enfermado y no hubiera muerto.

Me pongo a pensar en lo que siento, cada que recuerdo los momentos difíciles. No se si la extraño, aunque suena raro, la verdad es que siento que por más triste que haya sido ese lapso de nuestras vidas, las cosas al final pasan por algo y nos dejan algo. Recuerdo el día en que nos dijeron que estaba enferma, recuerdo el día que llegamos de vacaciones y ella lloraba en su recámara por que presentía lo que iba a pasar y recuerdo el día que nos dijeron que falleció. Los recuerdo como si estuvieran pasando justo ahora, la voz quebrada de mi papá, mis hermanos llorando y yo caminando sin pensar en nada. Hace ya diez años de eso y sigo sin poder pensar en nada, cuando escucho a mi papá diciendo que se nos adelantó.

Recuerdo las partidas de continental y los juegos de Rumyk en el hospital, recuerdo la vez que Paco le quebró un diente con un oso-sonaja de plástico, recuerdo ir por ella a la escuela, recuerdo cuando mi papá corrió a su novio, recuerdo su vestido estilo hindú que le gustaba tanto, pero no recuerdo su voz. Me esfuerzo pero no puedo recordar su voz. Recuerdo sus lentes de micas oscuras y armazón rosa y transparente, recuerdo su cabello corto y su rostro moreno, pero no recuerdo ningún momento en que la haya tocado, no recuerdo haber tomado su mano, abrazarla o darle una palmada. Mis cicatrices en los brazos me dicen que me pellizcaba, pero no la recuerdo haciéndolo, ni una sola vez.

Por eso quisiera ir al mundo uno. A escucharla, saber como sonaría hoy, a sus 32 años, a abrazarla y sentir su calor.

No me siento triste. Los recuerdos sí son tristes, pero no me siento así. No se que sea, por que no es vacío, ni nostalgia, ni siquiera siento que el mundo sería mejor con ella aquí. En el mundo uno, podría visitarme aquí, donde ahora vivo solo. Tal vez ella viviría sola también, o estuviera casada, y tendría un hijo. O no. Estudió turismo, pero no se si trabajaría en un hotel o en cualquier otro lugar. Tal vez, si no se hubiera enfermado hubiera estudiado alguna otra cosa, y sería abogada o ingeniera y la fábrica de mi papá sería un negociazo enorme. Tal vez tantas cosas, y mi curioso interior quisiera saber qué de todo sería hoy. Quisiera que conociera a Jany, a mis amigos, que nos viera a todos como los adolescentes veintitantoseros que somos, y que me preguntara por ellos y que Adrián le hiciera caso a ella.

He soñado muchas veces que regresa, pero no creo que en sueños trate de decirme algo. Solo creo que dentro de mí, los recuerdos regresan y en una extraña forma, visito el mundo alterno al que no puedo ir.



Lucha
julio 23, 2010, 1:27 pm
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Algún día, tendré una secretaria.

Y me llamará, por el intercom “Licenciado, tiene una llamada del Sr Fulanito”. Nadie me dice licenciado, tantos años de sufrimiento (ajá) para que sea “el joven”; pero algún día mi secretaria me llamará así. Licenciado. Y yo le pediré mi taza de café en la mañana, sin azúcar Lucha, por favor. Sí licenciado. Y pensará que ya lo sabe pues diario me prepara mi café sin azúcar, pero no con fastidio, sino condescendiente “ay licenciado, diario me dice lo mismo”, algo así.

Se va a llamar Luz, “pero usted digame Lucha” me va a decir. Y le voy a hablar de usted, por dos razones: 1) respeto por que va a ser una señora, no una muchachita y 2) se oye más profesional, mejor, cuando un jefe le habla de usted a su secretaria. “Lolita, comuníqueme por favor con el Licenciado Archundia”. Lucha va a ser una señora, por que así nos evitamos malentendidos y malinterpretaciones; viéndome como me voy a ver en ese entonces, guapo, maduro y exitoso, sería fácil para una muchachita confundir mi actitud solícita y bondadosa con algo más. Para una señora centrada y eficiente esto pasaría desapercibido, enfocándose únicamente en su trabajo. Seré un jefe bueno, aunque estricto, cada que Lucha pase a mi oficina antes de irse para ver si se me ofrece algo más, no la retendré, dejaré que se vaya siempre a sus horas.

Lucha tendrá que ser a la vez capaz y empática, ya que conocerá gran parte de mi vida privada sin involucrarse. “Lucha, llame por favor al restaurant y hágame una reservación a las 9:00, voy a cenar con mi esposa por nuestro aniversario” le voy a pedir, “Claro que sí licenciado, felicidades. Ese restaurante está en remodelación y está cerrado, pero permítame recomendarle este otro, tienen una arrachera exquisita” me responderá, conociendo mi gusto por la carne. Lucha, la eficaz.

Algún día, tendré una secretaria.