Goma


Taza
enero 7, 2010, 11:02 am
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Sorbí el café humeante y me quemé la punta de la lengua. He escuchado que es de mala educación, sorber, pero ¿cómo mas puede uno tomar el café caliente? En mi casa siempre se ha sorbido, recuerdo las mañanas en que mi papá nos llevaba a la escuela, ponía su termo de café con leche entre las piernas y sorbía en cada alto; hacía una mueca por lo caliente y luego el “ah”, siempre el “ah”. Mi mamá tuvo durante muchos años la costumbre de prepararse su café como primer tarea de la mañana y tomarlo hasta al final, cuando nos íbamos y ya se había enfriado. Aún así, lo sorbía; una sopera de café con una y media de azúcar, sin leche. Así lo tomaba hasta que el doctor se lo prohibió. De repente desobedece y toma cualquiera de las sesenta tazas que hay en la casa para preparse uno, aunque ahora le pone leche, para que no le caiga tan pesado y mitigar con lactosa la culpa que siente por desobedecer al doctor.

No se si mi papá siga tomando café en las mañanas. Supongo que sí, en sus termos grises con tapa negra. Recuerdo, de hace muchos, muchos años, la taza de chichi. Una taza con un seno y un agujero donde iría el pezón, por donde se podía tomar el café. Durante muchos años vimos la taza de la chichi, aunque mi papá nunca sorbía su café por el agujerito. Yo sí, una vez: por puro morbo, asegurándome que nadie me veía, serví agua y la tomé. Desapareció hace mucho, no recuerdo que se haya roto, sólo dejó de estar en la repisa.

Yo nunca tuve una taza. Una vez, los tíos del DF vinieron de visita y nos regalaron a todos una taza con nuestro nombre grabado. La mía era negra, con un PEPE azul al lado de un escudo de las Chivas: jamás la consideré mi taza, aunque agradezco el gesto. Ahora que vivo solo, tengo una mini-vajilla con cuatro tazas genéricas y cualquiera de las cuatro es la mía por que es igual a las otras tres, así que cuatro mías es como ninguna. Mi gusto por el café necesitaba una taza, una mía, una en la que pudiera sorber sin culpa. En el trabajo tomé una de color tinto que era de la comunidad y aunque la señora que servía el café ya sabía que en esa taza yo me tomaba el café, seguía sin ser mía, por que era prestada, era de la cocina y sobre todo, no era como yo. Lisa y tinta, no decía nada, era genérica y útil, pero no un objeto propio, sino de todos.

Pero ya tengo una, con unos gatos tipo Botero con los brazos abiertos que me regaló Jany en Navidad. Ya es mi taza. Y me gusta mucho.

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Mala Onda
noviembre 9, 2009, 11:42 pm
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Estaba ocioseando por la más famosa red social del mundo, el Caralibro, cuando me di cuenta de que tenía agregadas personas en mi lista de amigos que no tenía ni la más remota idea de quién eran, que las había agregado sólo por que teníamos amigos en común. Decidí borrarlas y no fueron tantas, como 10 nada más.

En lo que estaba borrando vi a dos personas que me caen muy bien y con quienes he tenido siempre un cargo de consciencia que no me deja tranquilo. Majo y el Davit. Majo es una amiga que conocí por Ian, y que desde que la conozco ha estado muy metida en la danza y las artes. Dibuja increíble y la verdad es que la estimo aunque son pocas las veces que la he visto y pocas las que hemos platicado; recuerdo que recién comencé a andar con Jany, fuimos con ella por un café que desde entonces ha prometido repetirse, pero en casi 5 años no ha vuelto a pasar. Y tengo un cargo de consciencia por eso y por que me invita a sus presentaciones o a eventos en los que está metida (como el Cabaret Capricho) y nunca he ido. No es por falta de ganas, a veces lo olvidaba y a veces no podía; ha sido una combinación de un poco de distracción y un mucho de mala suerte. Acá en el trabajo hay un ejecutivo que SIEMPRE pasa por mi lugar cuando estoy hablando por teléfono. No me la vivo en el teléfono pero es curioso que sólamente pasa frente a mi cuando estoy sumergido en ello. Y me da pena, no quiero que piense que me la vivo hablando, ya me trae de bajada con que me traen cortito. Algo así pasa con Majo, casi siempre que me invita no puedo ir. Y no es pretexto, de verdad no lo es, es sólo que quiero sacar esta frustración que me da.

Con el Davit pasa lo mismo. A el lo conocí por el Alex y el Turok. Alex fue mi compañero en la primaria, de 2do a 5to año; después dejé de verlo hasta que entré a la universidad y en la clase de inglés su apellido me sonó familiar. Sí era el de la primaria. Turok estuvo conmigo en clase de redacción y hasta despupes de conocerlo por separado del Aletz, me enteré de que eran amigos de la prepa. Luego juntaron sus bandas y conocieron al Alfred que era amigo de los amigos de Laureano, quien era amigo de Miguel. Davit es el baterista de esa banda. Ellos tocaron una vez en mi cumpleaños, una vez en el de Jany y una vez en una posada organizada por el hermano de Jany. Tocan poca madre, de verdad me gusta mucho escucharlos tocar. Pero nunca he ido a algún toquín de ellos en un bar. Y pasa lo mismo, cuando hay toquín, no puedo ir. Y me siento mal, por que de verdad los estimo y no quiero que lleguen a pensar que solo los busco cuando quiero que toquen en un evento. Fueron una vez a mi despedida, cuando me fui a Cancún y la verdad los considero mis amigos, pero pues soy un amigo chafa que no va a verlos tocar.

Supongo que sí, soy mala onda…



Muerto
noviembre 8, 2009, 1:56 pm
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El… ¿jueves? ya no recuerdo, creo que si fue el jueves, me quedé a comer en la oficina por que andaba en chinga con unas correcciones. Después de un malentendido y algo de drama con unos sushis que encargamos, luego no íbamos a tener y al final si llegaron, fuimos a comer una tortas ahogadas a unas cuadras de la oficina.

Tortas ahogadas. Morelianas.

Se me oucrrió una analogía interesante. Cuando uno va a ver las películas basadas en libros, erróneamente espera que estas sean iguales, página por página. Yo solía esperarlo, pero después del Conde de Montecristo entendí que lo único que pueden tener en común es el título y eso no las hace malas películas, sólo malas adaptaciones, o adaptaciones a secas. Yo leí el libro de las tortas ahogadas y me llevaban a ver la película.

El lugar, sugestivamente, se llamaba “Tortas Guadalajara”. El menú estaba en una pizarra y mi primera sorpresa fue ver que las tortas costaban $15 y que la orden de tres tacos con carne costaba $12. En guanatos, los tacos salen a $10 cada uno mientras que una torta llega a alcanzar los $30 en algunos lugares. Yo pedí torta y todos los demás (Diana, Sonia, Víctor y Pepe) pidieron órdenes de tacos. ¿Quien va a LAS TORTAS y no pide tortas?. Algo diferente es que aquí cuando pides te preguntan qué término quieres tu órden: una órden de tacos, ¿qué término?, tres cuartos, la mía media; pensé que se referían al término de las carnitas y no concebí comer maciza que no estuviera bien cocida, pero luego me explicaron que se refieren al término de la salsa y cuando les dije que allá no es así se sorprendieron un poco. Allá la llevan con salsa de jitomate y uno le pone chile o ellos le ponen el chile, pero no hacen 4 tipos de salsas diferentes. La torta estaba muy rica, no es igual a la de Guadalajara, pero eso no demerita el sabor de la Moreliana. La única diferencia está en el pan: mientras en Guadalajara se usa birote salado, acá usan una especie de telera. La consecuencia es que al último uno come una pasta de pan con salsa y carne en vez de una torta. Pero rico, de verdad.

Me empaqué también una orden de tacos, por no dejar pues, y también estaban ricos. Víctor tuvo ganas de otro taco y le llamó al mesero. Deme otro taco joven, ¿qué término?, completo, ¿un… MUERTO?, sí un muerto. Se hizo el silencio en el local, las cocinaros dejaron caer una telera y dos niños lloraron. Después de tragar saliva incrédulo y de escribir con mano temblorosa en la comanda, el mesero se alejó. Después de un rato, un buen rato, Víctor seguía sin su muerto así que se levantó a la cocina para recordarles. Al poco tiempo que se sentó, le trajeron su taco. Preguntó si era el muerto y el jovenzuelo le dijo que ERA el muerto que se convirtió en 1/4. Primero no entendimos, pero entre risas Víctor nos platicó que cuando se levantó a ver que pasaba le dijo al mesero: “pedí un muerto, pero mejor llévamelo 1/4. De todos modos, tú di que es el muerto”. Nos doblábamos de risa, si Víctor no le hubiera preguntado nada, todos hubiéramos pensado que era el muerto y cuando le echara más picante ibamos a ver lo machín que era. Pero el mesero la regó y el Víctor, por adornado.



Travesuras
febrero 5, 2009, 9:54 am
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No me recuerdo como un niño travieso. Sí recuerdo las chingas olímpicas que nos suministraba mi mamá con el Amanza Locos y el Santito (un cinturón piteado y un cable de luz) pero era por que nos peleábamos o azotábamos las puertas y así.

Tampoco recuerdo muchas reglas, pero hay algunas bastante curiosas que sí se me quedaron grabadas. Por ejemplo, no podíamos ver los Simpson. En aquellos días, sólo había una televisión así que era prácticamente imposible faltar a esa regla, así que aprovechábamos las juntas de padres en la escuela para que se fueran y pudiéramos ver unos minutos de la indecente caricatura. Era un último placer antes de la cagotiza de las calificaciones, al menos eso nos gustaba pensar. Más atrás aún, recuerdo que teníamos terminantemente prohibido llegar a la casa con algo que no fuera nuestro, estaba prohibido pedir cosas prestadas o aceptar que nos regalaran algo: una vez llegó Paco con un sacapuntas que un niño le había regalado y fue gritado y azotado por andar llevando cosas que no eran de él. OBVIO tuvo que regresarlo.

Había reglas implícitas, como el ser personas decentes: una vez llevé American Pie a la casa por que me la prestaron (en prepa, creo) y se me olvidó sacarla de la video; como toda buena madre al cuidado de sus hijos, vio lo que había en el casete y al día siguiente me obligó a que me confesara por andar viendo esas cochinadas (unas bubis nomás). Aunque después nos hicimos un poco más astutos y veíamos pornito de la antena parabólica, lo que me recuerda una anécdota bastante curiosa:

Corría el 2001, yo acababa de entrar a la universidad y en ese entonces tenía una novia que se llama Karely. Me tocó ser changolán en sus quince años y salir en el video y toda la cosa. Unos días después, me prestaron el video para verlo, era la única copia que había del Mini DV original donde se grabó todo con la cámara de los padrinos. Yo lo vi y lo guardé junto a los otros montones de videos que había en la casa. Eso fue un fin de semana. Al lunes siguiente, la mamá me pide el video para enseñárselo a los parientes, fui a buscarlo y no estaba donde lo había dejado. En una casa con 5 hermanos, esto es bastante común, así que no me extrañó y después de un ratito lo encontré en las cosas de Paco. Al día siguiente, me llama la señora por que necesita hablar conmigo. Yo me quedé extrañado por que no tenía la más mínima idea de qué quería la señora y se lo comenté a Paco. No se por qué, ahorita que estoy escribiendo la verdad es que pienso que qué bueno que me dijo en ese rato y no lo ocultó: el me había preguntado por un videocasete en sus cosas y le dije que era el de los XV de Karely a lo que el respondió que no, que ese era de una tarea de la escuela; yo le aseguré categóricamente que no, que era el video de los XV años y le mostré el casete donde efectivamente estaba su tarea y fue cuando me soltó la sopa: El y Tony habían grabado porno en el videocasete prestado, pensando que era el suyo… ¡SOBRE LOS MÉNDIGOS XV AÑOS!. Ahí voy con la pobre mujer, me recibe diciendo que le extrañaba, que eso era una cosa asquerosa, que donde estaba el respeto y la responsabilidad, que además era la única copia, que lo viera, ¡velo que desagradable es! me decía y yo en silencio meneaba la cabeza. No rajé, cubrí al par de mensos pero en mi cabeza con cada palabra que me decía la señora yo pensaba…

¡YO NO FUI!