Goma


4:40
octubre 31, 2012, 10:56 pm
Filed under: Escritos

Las cuatro noches pasadas desperté a las 4:40 AM. Exactas. Ayer dormí con la cabeza apuntando hacia la puerta de la recámara, cuando siempre duermo al revés, con la cabeza apuntando al lado contrario. Me desperté desorientado, no encontraba mi celular para ver la hora. 4:40. Dejé el celular al lado y me dejé caer de nuevo en la cama, apenas en el colchón, casi me caigo, todavía confundido con el cambio de posición.

La respiración a mi lado era serena, profunda. Puse mi pierna sobre las suyas, por encima de las cobijas y fui regresando al sueño. El primer día también despertó a las 4:40. “¿Qué pasó?” Me dijo. Nada. Sólo desperté, eso pasó. “Sabe, quería ver la hora” le dije. “¿Y qué hora es?”, “4:40”. Todavía faltaba una hora y treinta y cinco minutos para despertar. Despertar, ponerme la sudadera, pasar al baño, sacar al perro, planchar camisa, ducha, vestirme. Dormir. “¿Ya te dormiste?” Preguntó. Sí. Estoy dormido, sí escuché, pero estoy dormido, mis labios no se mueven.

El segundo día se levantó. Estaba despierto, eran las 4:40 y se levantó. Me quedé dormido antes de que volviera. Creo que tomó un vaso de agua y se quedó mirando la oscuridad de la casa en la madrugada. No se cuanto tiempo la esperé a que volviera, tal vez fueron unos segundos. Me quedé dormido antes de que volviera, con la hora bajo los párpados.

El tercer día, vi la hora, las 4:40 y me acosté boca arriba. Suspiré. Sentí su brazo sobre mi pecho. Quise ver su rostro en la oscuridad. Cerré los ojos con fuerza, pero no logré vencerla. Toqué su rostro, lentamente hasta sentir sus labios. Sonrió. Al menos eso sentí. Tal vez era mi propia sonrisa. Tomé su mano y volví a la noche sin sueños.

Nuevamente las 4:40. Creo que ya se acostumbró a mis despertares de madrugada, ayer no se movió, no hizo ningún gesto ni pregunta. Me cuesta trabajo volver a dormir. 4:41. Habría jurado que transcurrieron diez minutos. El tiempo se hace más pesado en la madrugada. No tengo sueño, pero cierro los ojos para invocarlo. Pienso en lo extraño que resulta despertar diario a las 4:40. Recuerdo que alguien me comentó sobre una película en la que unos seres raptaban a las personas, pero era a las 3:00 de la mañana. ¿3:33?. Lo que sea, estoy en mi cama. Siento la cobija sobre mis pies. Nunca me cobijo del todo, el calor me desespera, solamente cubro mis pies que se ponen fríos justo antes del amanecer. No hay respiración. Busco su rostro con mis manos. No está. Miro hacia la puerta del baño, pero no hay luz debajo, ni sonidos dentro. No siento nada, sólo el sueño que va regresando poco a poco. Bostezo. 4:40 de nuevo. No me parece extraño. Vuelvo a dormir.

Suena la alarma y alguien la apaga por mi. “Ya es hora” me dice. Me levanto, me pongo una sudadera y paso al baño. “¿A donde te fuiste anoche?” pregunta. “¿A qué hora?”, “4:40”, “No se”. No dice nada más. “Pensé que habías ido por agua, te esperé, pero me quedé dormida antes de que volvieras. Tal vez fueron solo unos segundos. Tenía mucho sueño.”

Por alguna razón, no me pareció extraño. Le di un beso y salí con el perro, con la hora bajo los párpados y la noche aún en el cielo.

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1 comentario so far
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Aca estoy. Despertando 4:40 😨

Comentario por Joaquin




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