Goma


Casa
abril 5, 2010, 3:02 pm
Filed under: Escritos, Jakaninoso | Etiquetas: , , ,

Una señora me despertó tocándome el hombro suavemente. “Ya llegamos, joven” me dijo con su voz rasposa y vieja, susurrando, como si mi madre años antes me avisra que era hora de levantarse e ir a la escuela. Le dí las gracias mientras me estiraba un poco y bostezaba desperezándome. Eran las 4:11 de la mañana y el camión se quedaba solo mientras la señora echaba una última mirada para asegurarse que no dejaba nada detrás.

Me leventé con cuidado, tociéndome para no golpearme la cabeza con los compartimentos superiores y no tropezarme con el descansador aún abajo. Tomé mi maleta y bajé lentamente, agradecí al chofer y entré al andador de la central, con algunos cuantos viajantes desmañanados y acurrucados en las butacas, esperando la voz ininteligible que les indicara cuando subir. Una melodía lastimera sonaba en las bocinas viejas, distinguí un piano y violines, adecuados para adormecer a los que esperaban salir. Subí el cierre de la chamarra antes de salir al acoso de los taxistas ladrones que anidan fuera de los andadores. “Taxi, joven, ¿a dónde lo llevamos?” repetido tantas veces como taxistas asedian en la banqueta desgastada. No gracias. Me detuve un momento y encendí un cigarro. Había fumado antes tan tarde de noche, pero nunca tan temprano en la mañana; el humo salió y el vaho seguía saliendo, como si mi bocanada fuera eterna, como si sacara el humo de mil cigarros guardados a través de los años. Caminé despacio, por que aún estaba adormilado y por que no tenía prisa, hacia las afueras de la central. El silencio era casi total, interrumpido solo por algún radio a lo lejos que se esforzaba por sintonizar una estación en la amplitud modulada con canciones rancheras viejísimas; el polvo esperaba ser levantado por los primeros camiones de la mañana y la neblina delgada y apenas perceptible dibujaba un velo en los edificios de dos cuadras delante.

Marqué el último número en el celular. Me contestó entre sueños y su voz me invadió completamente. “Ya llegué” le dije y pude verla sonreír, acostada, arropada bajo el edredón y las sábanas rosas con café. “Que bueno” contestó en un suspiro. Pisé la colilla y eché a andar hacia la primer avenida.

Estaba en casa.

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3 comentarios so far
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Insisto lo tuyo lo tuyo no es hacer el trabajo de otros, me encanta tu manera de escribir

Good Night

Comentario por Blanca A

Me gusta me gusta!!! Ya quiero que vengas amorirooouu

Comentario por Jany

Querido hermanito, me sorprende gratamente leer lo que escribes,al principio pense que era el framento de algun libro,Ja Ja de verdad haz un libro escribes muy bien,me enorgulleses, ojala este en los genes para q me toque algo, me hiciste recordad mi ultima lectura de Albert Camus.
TE FELICITO, ME TRANSPORTASTE A LA TERMINAL

Comentario por Leticia Cruz




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