Goma


Lluvia

A las 8:23 de la noche de ayer me disponía a retirarme de la oficina después de una ardua jornada laboral, cuando comenzó a caer un diluvio bíblico por esta parte de la ciudad (zona Minerva). Como el agua caía con singular alegría, calculé que no duraría mucho el torrencial y seguí trabajando un poquito hasta que a las 9:00 como esperaba, la tormenta dejó lugar a un chipi chipi que nada podía con mi poderosa chamarra.

Así pues, me encaminé, ignorante de los estragos que dejaría en la ciudad tremendo tormentón. Primero, normalmente tengo que cruzar López Mateos, tomar arcos y llegar a la esquina de Morelos donde tomo la ruta que me deja en mi casa: imposible, López Mateos era un amazonas urbano al que ni los camiones se atrevían a cruzar. Tomé una ruta alterna para llegar a Fernando de Celada, hasta el 7-Eleven donde hay otra parada disponible, evitando los ríos y encharcamientos mayúsculos. Caminando -y esto es lo importante del post, la escena madre– me di cuenta que la zuela de mi zapato café izquierdo, tiene un hoyo. Jodercoñoputoculomierda. Un hoyo. Y yo sin dinero ni coche que me salve de las humedades del temporal. Pasé por una calle particularmente oscura e ignorante del charco nivel 5 que me acechaba, me mojé, precisamente, el pie izquierdo; ahí iba, sacando agua en cada pisada, sonando como patito de hule a cado paso. Llégué a Fernando de Celada, a una cuadra del 7-Eleven y oh (maldita) sorpresa, el camión pasó justo frente a mi; corrí comicamente con el peso de mi pie mojado para alcanzarlo, pero fue inutil, me dejó atrás. Me refuguié en el local esperando el siguiente camión y me subí a uno con tres cuartas partes de sus asientos mojados y, afortunadamente, pocas personas. Dejando de lado el intensísimo tráfico y los minutos incontables que estuvimos detenidos esperando que pasara un tren, todo fue bien hasta Galerías, donde subió como siempre un alud interminable de paseantes y trabajadores de tiendas diversas y me desesperaron sobremanera dos novios idiotas que primero sí se iban a sentar pero siempre no y se quedaron atrás de mi en vez de regresarse por donde vinieron. “Ay no, sigue mojado” dijo la fulanita al novio cuando éste hubo secado el asiento caballerosamente. Total, sí se sentaron entre risitas pendejas y traseros mojados.

Snif, mis zapatos =(

Todavía hoy, en una junta en un mini auditorio con el aire acondicionado en nivel “Refrigerador de Oxxo”, sentí mis deditos helarse aún con el abrigado calcetín que me cubría. Ya no hacen los zapatos como antes, estos tienen apenas año y ocho meses ¡y ya tienen hoyo!

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1 comentario so far
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ya sé! mándalos a vulcanizar como hacían con los converse en los 80’s :P

Comentario por agridulce




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