Goma


Padre Rojo

El domingo pasado que fui a misa -por que han de saber que soy un ferviente católico y voy a misa todos los domingos- me tocó una homilía peculiar. Si bien es sabido que Jesús fue comunista, sus representantes contemporáneos en cada comunidad dejan de lado inclinaciones socio, político y económicas en sus sermones sobre la caridad y el bien del prójimo. Pues nuestro padre -de nuestra historia pues- se puso su sotana roja y nos habló del inservible (pecador, malvado e individualista) sistema capitalista.

El evangelio fue sobre la multiplicación de los panes. El proletariado entregó los pocos bienes que poseía (cinco panes y dos pescados) y el organismo regente (Jesús) distribuyó la comida equitativamente y todavía sobró (patrimonio gubernamental, suponemos). El padre comentó que ese es el ejemplo que debemos seguir, ya que actualmente estamos sumidos en un individualismo que sólo nos lleva a la miseria espiritual, en un modelo que promueve este individualismo y nos desvía del objetivo divino que es ayudar a los demás, a los que no tienen. Punto uno: Yo no creo que el capitalismo lleve al individualismo, son dos cosas distintas. La mejor defensa que tengo para el capitalismo es que uno tiene lo que merece, es decir, uno trabaja para crear patrimonio propio y no para un gobierno o para los demás. Todos en el sistema tienen la oportunidad de trabajar y recibir una remuneración con la cual pueden hacerse de un auto, una casa, una alberca llena de leche o una estatua de ellos mismos en caramelo macizo. Tan no es individualismo que en general, quienes buscan incrementar su patrimonio lo hacen para heredar a sus hijos y familias algo que les ayude cuando ya no estén. Yo siempre he pensado -y lo escribí alguna vez en el blog que descansa en el olvido del internet- que los pobres son en su gran y vasta mayoría, pobres por que quieren, al menos en México, y me parece reprobable, hasta irresponsable, compartir el fruto de tu esfuerzo y trabajo con un huevón comodino que estira la mano y obtiene comida y medicinas y demás.

El padre siguió hablando de la caridad y yo le perdí el hilo, meditando acerca del punto uno; cuando volví a la homilía, hablaba de los granos a nivel mundial; dijo que en el mundo hay suficientes granos para alimentar a todo el mundo, que quienes se encargan de ello son egoístas por no regalarlos a los pobres que los necesitan. “Cómo es posible -dijo- que el trabajo de nuestros agricultores se valore en Chicago, donde se determinan los precios de todos los granos el mundo”. Un padre informado, hasta eso. Punto dos: los granos no son suficientes. Para mayor referencia, leer el artículo de National Geographic del mes pasado sobre, precisamente, la escasez mundial de alimentos. Es dramático y me dejó con una sensación de preocupación sincera. La población crece indiscriminadamente mientras agotamos los suelos fértiles (e infértiles a veces) produciendo alimentos para, sí padre, todo el mundo. Un ejemplo comparativo: Brittish-American Tobacco hace cigarros. Tiene mucho tabaco y produce muchos cigarros al día; en mi homilía diría que son unos irresponsables individualistas por no regalar esos montones de tabaco a los fumadores que no tienen dinero para comprar un méndigo cigarro “Luchadores” suelto. Es lo mismo con quienes producen arroz, trigo o maíz; son empresas, venden un producto y no tienen por qué regalar el fruto de su trabajo. Además ¿no son más irresponsables quienes viviendo en la miseria de menos de un dólar al día traen al mundo 12 bocas hambrientas?

Lo último que dijo sobre el tema es que deberíamos ser más participativos. En eso estoy de acuerdo. No ser insensibles a la situación del mundo y hablar, levantarnos y hacer algo, no quedarnos viendo tele y quejándonos de los anuncios del IFE o sobre lo rateros que son los políticos. Nosotros los escogemos, bien dicen que cada pueblo tiene el gobierno que merece. No concuerdo con la idea del padre de solucionar la vida de los otros regalándoles lo que obtuvimos con nuestro trabajo y esfuerzo, pero sí con que, más que individualistas pecadores, somos una sociedad apática e insensible. Si viéramos más allá de nuestro refrigerador, hablando de comida, seríamos un poco más responsables.

O eso me gustaría pensar.

Últimamente me he dado cuenta de que hay menos personas en el mundo, ¿no les da a veces esa sensación? Unos niños de entre 14 y 16 años en bicicletas intentaron robarle la bolsa a la Mamá de Jany, pero sí le robaron una esclava de Oro. ¿Qué clase de padres tienen, qué clase de educación reciben? A pesar de que le padre rojo era monótono y aburrido en su hablar, me gustó su mensaje: aunque no esté de acuerdo con él, es bueno que haya quienes de menos, lo dejen pensando a uno.

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