Archivado en: EGT, Jakaninoso | Etiquetas: Amor, Creencia, Creencias, Escritos, Palabras, Significados, sonidos
La gente muchas veces usa las palabras sin realmente ponerse a pensar en el peso que tienen o lo que realmente significan, sólo abren la boca y dejan salir sonidos que apenas alcanzan a entender y que no han pesado antes de arrojarlos a los oídos de alguien más.
Me incluyo.
Muchas veces me he sorprendido a mi mismo diciendo una frase que quiere significar algo totalmente distinto a lo que las palabras que uso quieren realmente decir; es como si en la lingüística y la dicción influyeran las leyes químicas en las que los componentes pierden sus propiedades al combinarse y adquieren unas nuevas al final. La sal, por ejemplo, contiene cloro, venenoso en estado natural y sin embargo la degustamos día con día. Así con las palabras, las mezclamos con otras palabras, las contextualizamos en diferentes situaciones y nos olvidamos de su significado singular dándoles otras propiedades. Es confuso, y cuando alguien nos reclama por haber dicho esto o aquello, nos lavamos las manos diciendo que no fue lo que quisimos decir, que no era esa nuestra intención primera. Somos ignorantes de lo que quisimos decir aún cuando hemos pronunciado nosotros mismos las palabras.
Creer viene del latín credere, “dar fe” y el diccionario nos da cuatro significados que listo a continuación:
1. tener por cierto o verdadero algo que no está demostrado o que no se comprende;
2. tener, sostener o considerar una opinión;
3. considerar algo como probable o posible y
4. dar apoyo o tener confianza.
Creo que estoy confundido. Es decir, considero mi confusión como algo probable o posible y sin embargo no lo doy por cierto. Una sola palabra con definiciones tan diametralmente opuestas, y hasta cierto punto contrarias, es ciertamente un problema. ¿Cómo contextualizar? ¿Cuál es la fórmula que debo seguir para suprimir el veneno de “creer” para que combinada con el sodio de otra palabra resulte algo digerible para quien me escucha? Cuando digo que creo en Dios nadie considera que mi afirmación sea probable o posible, nadie piensa que estoy considerando la posibilidad de que no exista; todo aquel que me escuche estará convencido de que tengo por cierto y verdadero algo que no está demostrado o que no se comprende, que doy mi apoyo y que tengo confianza en que ese concepto divino existe. Ahora, si creo estar enamorado, mis palabras llegarán con un significado totalmente distinto a quienes me escuchen: nadie lo dará por sentado, todos sabrán que se trata de una probabilidad que, dependiendo de mi forma de ser, será tan remota o posible como mi habilidad de distinguir mis sentimientos y sensaciones. ¿Por qué esa distinción? ¿Qué hace tan diferentes a Dios y al amor? ¿No son ambos conceptos tan abstractos y filosóficos que la humanidad ha discutido durante eras sin darle una conclusión? El amor se trata de la confianza, de dar fe de quien se ama, ¿por qué entonces cuando creemos estar enamorados nadie confía en que lo estemos ni da fe de que sea realmente así?
Es por que el amor es otra de las palabras que se usan sin pensar, por que precisamente cuando decimos amor no estamos plenamente conscientes del concepto, de la filosofía que involucra; le damos el peso de una palabra sencilla, de cuatro letras y dos sílabas y en ese contexto amor, papa, mesa, odio y caca son exactamente lo mismo. Hemos reducido al amor a su mera estructura iconográfica y la usamos tan indiscriminadamente que ya nadie se detiene a pensar en que en sus cuatro letras se encierra un misticismo y poder tan grande como en las mismas cuatro letras de la palabra Dios.
Me viene a la mente otra palabra: creencia. La busco en el diccionario y encuentro lo siguiente: certeza que se tiene de algo. Los doctores de la lengua aplicaron la fórmula y al convertir el verbo en sustantivo le despojan de todas sus propiedades excepto una, la certeza: no acepta posibilidades y deja de lado que el objeto mismo de mi creencia sea algo probable o no demostrado. Credibilidad, creyente, crédulo, todas derivadas de creer, hacen referencia a la certeza, a la seguridad de quien pronuncia aún si no está del todo enterado de su significado puntual. Cuatro palabras que hablan de certeza derivadas de una que al mismo tiempo contempla la duda. Trato de entenderlo y viene a mi mente el derecho y la ley.
La ley tiene varias fuentes: no sé mucho de derecho y no quisiera adentrarme en territorios de los que poco conozco. Sin embargo, sé que una de esas fuentes es la costumbre, algo que se ha repetido tantas veces y que es tan común que los legisladores deciden elevarlo a la categoría de ley. Siento que eso fue lo que pasó con creer: la gente, ignorante de su significado puntual, comenzó a “creer que” al igual que comenzó a amar y a odiar, sin pensar lo que decían, usando la fonética por encima del significado. Tanta gente usó así la expresión que la Real Academia no tuvo más opción que hacerla una ley, incluirla en el diccionario, tal como confortable, CD y casete.
No había pensado en todo esto hasta hace unos días. Salí del cine de ver una película que aún no se si me gustó o no y vino a mi mente un pensamiento singular. Tal vez soy un necio y estoy completamente equivocado (“tal vez” puede usarse perfectamente en lugar de “creo que”), pero toda esta disertación lingüística, etimológica y mágico-cómico-musical tiene el único propósito de dejar en claro que estoy totalmente seguro de lo que creo:
Creo que comencé a amar a la Jany aún desde antes de conocerla.
Para EGT de esta semana, pensé desde temprano en los retos.
Desde inicios de este año se me metió en la cabeza correr una carrera, luego Miguel empezó con sus entrenamientos y me fui animando a hacerlo yo también. Hace poco compré con Jany los tenis y la pastilla para empezar a correr y quiero en algún punto de este año correr una carrera dce 10 km.
Con eso en mente, me puse a pensar en que en verdad no soy una persona de retos. Nunca me he propuesto algo y lo he logrado después, no me he retado a mi mismo y si acaso hay algo en lo que alguien más me haya retado, seguro habrá sido una mensada como echarme hielos en los calzones o lamer un sartén o algo así pendejón. Nunca me he propuesto algo constructivo.
Pero nunca es tarde para empezar. Justamente, y se me hizo bien universo-conspiracional, Sybelle me mandó una invitación a un reto, correr 16 km en una semana. Hoy huevonié, pero mañana empezaré a correr para cumplir con la cuota. Siento que es un reto que sí puedo cumplir. Y pronto, el de los 10 km también.
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La felicidad, entre muchos otros ideales igualmente nobles, es un camino, no un lugar al que se llega; depende de un puño -casi dos- de factores trementamente complejos e intrincados y bien puede llegar cuando la canción que estábamos pensando se pone en la radio o como la conclusión de un proyecto de vida en el que después de indecibles sacrificios, obtuvimos lo que planeamos.
Lo bueno de que la felicidad sea un camino es que sí, podemos elegirla. Quiero decir que aún con las tragedias y los más duros golpes de la vida, podemos seguir siendo personas felices. Es una cuestión de actitud. Y una cuestión difícil, muy difícil en ciertos momentos, pero que puede aplicarse literalmente de un día a otro, de un momento a otro. Una noche podemos ser emos llorones pero el nuevo día puede iluminarnos el ánimo y el corazón y hacernos ver las cosas desde otro ángulo, dejándonos la felicidad al alcance de la mano. Otra cosa muy buena de la felicidad es que no necesitamos hacer grandes cosas para obtenerla: viene en dosis pequeñas que podemos tomar día con día. Eso ya depende de cada quien, algunos la encuentran pisando hojas secas, otros mientras corren en la mañana y disminuyen su tiempo por kilómetro; yo la encuentro abundantmente en días como hoy.
Es -aún- cumpleaños de Jany y aunque empezamos el día un poco, ajem, indispuestos, fue algo que me hizo sonreir, pues fue consecuencia de una muy buena noche. Fue un día sencillo, fuimos a comer con su familia y partió el pastel en su casa; verla sonreir, verla contenta, verla feliz me trae felicidad. Me siento muy feliz al darme cuenta de que hemos pasado muchísimas cosas juntos y que la he visto crecer, conociéndonos un mucho con cada año que pasa; he aprendido mucho de ella y siento que aún hay mucho más.
Eso, me hace feliz.
Feliz cumpleaños, Jany =)
La soledad sí que es un gran tema.
No soy fan de la soledad, pero siento que no estoy peleado con ella. Como bien se ha dicho, la soledad llega aún cuando estamos rodeados de personas que nos quieren y nos estiman. Cinco minutos de soledad al día para pensar, decidir y evaluar, son una buena ventana para escapar de la rutina y regar nuestro pastito interior, que muchas veces descuidamos.
Toda la semana había pensado en escribir algo mejor, pero justo ahora me atormenta una jaqueca proverbial que me demanda muchas horas de sueño…
Eso, o mi informe parcial acertó en cuanto a la tendencia suicida del proyecto.
Mi informe ES El Gran Tema de esta semana =( o dicho en otras palabras “veo todo con ojos de trabajo”
Ya es jueves y nadie ha puesto nada… casi creo que la semana ocho cerrará con un 0.91% de participación, snif…
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Al 10 de marzo de 2009 presentamos la evaluación del proyecto “EGT” partiendo de la siguiente tabla:
Análisis de Indicadores
La participación real total en el proyecto “EGT” fue del 53.41% teniendo 47 de las 88 entradas posbles. Del total de temistas, sólamente el 9.1% publicó el 100% de los temas propuestos mientras que un considerable 27.3% publicó menos de la mitad de los temas. Como era de esperarse, la mayor participación se tuvo con los primeros temas: En la semana 1 se tuvo una participación del 72.3% (100% ajustada al número de temistas registrados en esa fecha) mientras que en las semanas 2 y 3 la participación fue del 90.9%; la participación más baja se obtuvo en la semana 6 con un 18.2%. Con esto, la participación semanal promedio se colocó en 61.04%.
Hasta realizar la encuesta correspondiente, se suponen tres factores que influyeron de manera importante en el deterioro de los índices de participación. En orden:
1) La calidad de “Mexicanos Promedio” del grupo de control, es decir, la ideología propia mexicana imperante en los participantes provoca que los proyectos se queden siempre a lamitad, inciando con gran entusiasmo para luego abandonar por desidia. Este fenómeno se presenta en actividades como las dietas, planes de ejercicio y propósitos de año nuevo.
2) La calidad de los contenidos. Viendo los porcentajes de participación por temas, podemos concluir que hay ciertos puntos sensibles que no tendrán respuestas; adicionalmente, se presentaron contenidos altamente similares a otros ya expuestos que mermaron la disposición de escritura de los participantes.
3) Falta de tiempo, siendo este motivo el menos sustentable y válido pues algunos temistascon trabajos fijos y demandantes publicaron más entradas que algunos que no presentan dicha limitante.
Conclusiones y recomendaciones.
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- El proyecto en general se mantuvo “a medio gas” como muestran los índices de participación real y promedio.
- La tendencia se mantiene a la baja, se espera un inminente final en el mediano plazo (menor participación, disminución en calidad de contenidos).
- Se recomienda asignar fechas para publicar EGT a los Temistas adheridos al grupo 1 y elaborar un plan de salida.
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¿A poco no les pasa que después de cierto tiempo empiezan a ver todo, TODO con ojos de trabajo y empiezan a procesar como si estuvieran en la oficina?
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Yo lo entendí como manías. Yo se que las tengo, pero no las identifico, todas. He estado pensando toda la semana en algunas y estas son de las que me acuerdo:
- Me gusta la geometría en el acomodo de mis cosas. Soy desordenado en general: dejo las camisas sobre la silla, o los calcetines en una esquina; no tiendo mi cama a veces o trapeo y dejo el trapeador en el bote con agua. PERO, cuando me saco las cosas del pantalón, dejo mi cartera paralelamente a mi iPod, las llaves encima de un libro, y las monedas ordenadas de más grande a más chica sobre los billetes que a su vez son paralelos al iPod y la cartera. En el trabajo necesito muchas hojas para estar viendo referencias y las acomodo por tipo de documento y en dos hileras: deben estar paralelas a las orillas de la mesa y separadas entre sí del mismo modo; mi libretita de notas tiene su acomodo, al igual que mi celular y la calculadora, los lápices y plumas nunca en diagonal. Soy medio freak con eso, si una hoja está algo inclinada, la acomodo, en verdad me gusta ese orden en esas cosas. Una variante de esta manía aplica con algunas comidas: si es un guisado con dos guarniciones, suelo separarlo todo para que no se “toque” entre sí y CASI siempre, como de cosa en cosa, primero la ensalada, luego el arroz, luego el guisado.
- Me quito las costras. Cuando me hago cualquier tipo de herida, me da muchas ansias ver la costra y tener comezón. Siempre me estoy arrancando la cosita café y aunque me duele y me sangra la herida, no dejo de hacerlo. Se que es por mi bien dejarla y que sane la piel debajo, pero no puedo evitarlo.
- No me gusta compartir la mesa a la hora de comer. Todos los días voy a comer al negocio de comida corrida de los papás de Jany: me queda a 5 minutos (en coche) del trabajo, es rico, limpio y económico ya que mi mamá tiene buen rato sin hacer de comer en la casa. Tienen 8 mesas de las que 7 son para cuatro personas y 1 para dos. A veces hay una sola persona en una mesa para cuatro y si llega otra persona y no hay más lugar, suelen compartir la mesa; por eso trato de sentarme siempre en la de dos personas por que me molesta compartir la mesa con otra(s) persona(s). No me molesta compartirla con mis amigos o incluso con mis compañeros de trabajo, pero sí con gente desconocida, no como agusto.
- No como manías pero cosas que no me gustan, que me interrumpan cuando escribo/leo. Por ejemplo, ahorita estoy con el post: si llega mi hermano a decirme cualquier cosa, me irrito, me enojo mucho. Igual cuando estoy leyendo; por lo general cuando estoy leyendo y me hablan para cualquier cosa siempre contesto “no te escuché y no te escucho, estoy leyendo. Esto, obviamente aplica para cosas que me gustan, si me interrumpen mientras leo o escribo cosas del trabajo no me enojo; a veces sí pero cuando tengo una idea y me interrumpen y se me va, pero son las menos veces.
El problema con la gente no-latina con respecto a los sí-latinos es que generalizan. La verdad todos generalizamos (de hecho, acabo de generalizar), por que sería muy poco práctico hablar sin generalizaciones. Para no generalizar, tendría que haber empezado mi post así:
“El problema con la mayor parte de la gente no-latina con respecto a más del 90% de los sí-latinos es que generalizan. La verdad es que más de cuatro quintas partes de las personas generalizamos por que en más del 70% de las ocasiones sería muy poco práctico hablar sin generalizaciones.”
¿Ven como es muy poco práctico? Necesitamos generalizar.
Bueno, el caso es que en todas las culturas hay un grueso poblacional que le da las características “propias” a dicha cultura y un mínimo que no concuerda con ese perfil. Por ejemplo, el viernes en la noche unos amigos comentaban que los alemanes son todos fríos y culeros y que no son muy dados a seguir las discusiones. En ese sentido, yo podría ser alemán, pero también hay alemanes felices y bienvibrosos que quedan totalmente fuera de la descripción de un típico alemán. Yo, pues yo soy latino, pero no de los que son mayoría y que mueven las caderas y llevan el ritmo en la sangre y que brincan a la pista en cuanto empieza el reguetón y la salsa. No me enorgullece la idea que el mundo tiene de los latinos, en absoluto, pero qué se le va a hacer.
Como que hoy no andaba muy inspirado jaja, pero ahí está mi tanda…
Mañana, a trabajar =(




